Un grupo de conejos viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellos cayeron en un hoyo profundo. Todos los demás conejos se reunieron alrededor del hoyo.
 

Cuando vieron cuán hondo era el hoyo, le dijeron a los dos conejos en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertos.

Los dos conejos no hicieron caso a los comentarios de sus amigos y siguieron tratando de salir fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Los otros seguían insistiendo que sus esfuerzos serian inútiles.

Finalmente, uno de los conejos puso atención a lo que los demás decían y se rindió. Se desplomó y murió. El otro conejo continuó intentando avanzar, con tanta fuerza como le era posible.

Una vez más, la multitud de conejos le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando.

Pero el conejo se impulsó cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo. Cuando salió, los otros conejos le dijeron: "nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos". Y él no les contestaba. Entonces recordaron que era sordo, y se lo explicaron con señas. Fue entonces, cuando el conejo les dijo que pensó que todos lo estaban animando a esforzarse más y salir del pozo.
 

Reflexión
 

 La gente a nuestro alrededor, la que valoramos y tenemos en cuenta tiene mucho efecto sobre nosotros. Pero, es un efecto de doble filo: tanto nos estimula como nos derrumba. Por eso los entrenadores, profesores, padres y amigos deben tener muy en cuenta los siguientes puntos:

1. La palabra tiene mucho poder.

2. Un comentario de aliento para alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo.

3. Un juicio destructivo dicho a alguien que se encuentre desanimado puede ser

lo que acabe por destruirlo.

4. Es importante seleccionar lo que decimos.

5. Una persona especial es la que se da tiempo para cuidar el contenido de su comunicación

¿Por qué las palabras tienen tanto peso?
 

Si bien es cierto que algunas personas son más sensibles y toman más en cuenta la opinión de otros, también es cierto que, cualquier persona, cuando está con un estado de ánimo limitante, es más sensible a las opiniones de los demás.

Si otra persona cree realmente que puedes, influirá notablemente en tu estado de ánimo y en tus creencias.
 

 “No son las circunstancias las que nos detienen, sino  lo que pensamos sobre ellas
 




 

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