¿Qué es la resiliencia?

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La resiliencia se define como la capacidad de sobreponerse a los golpes y a las circunstancias adversas o traumáticas de la vida, saliendo fortalecido de estas situaciones.
Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto, les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos.

Para que una persona tenga los recursos para ser resiliente la educación recibida es fundamental, los padres deben fomentar desde pequeños la autonomía, no sobreprotegerlos y ante los errores hacerle saber que aprendió. También las propias experiencias de la vida lo van dotando de recursos. Al superar problemas se obtiene un aprendizaje de cómo lo hizo para poder lograrlo la próxima vez.

La competencia también nos da recursos porque para ganar, hay que tener la capacidad de ir resolviendo obstáculos, aprendiendo de los errores y de las victorias.

¿Por qué hay deportistas con resiliencia y otros no? ¿Podemos entrenarnos para convertirnos en alguien resiliente, o tiene que aceptar su victimismo y derrotismo como modo de competir ?
La clave es entrenar la mente para pensar los problemas de una manera diferente. Aquí una guía de 11 puntos para resolver cómo pensar ante un problema:

“El que puede cambiar sus pensamientos, puede cambiar su destino”

1-Interpretar de forma correcta. La competencia y la vida tienen piedras y flores. Es aceptar la parte injusta del juego; o como la vida misma. Todos vivimos alguna vez una situación que no nos merecemos. ¿Qué hacer? La decisión inteligente es centrar la atención en cómo puede actuar para sumar. Quejarse sin sentido: la vida es injusta, por qué a mí; dedicarse a pensar en la mala suerte, o el error del árbitro no le devolverá la justicia. Hay que entender que hay cuestiones del azar o injustas que no podemos manejar y son parte del transitar la vida. Seguir quejándose del asunto no lo va ayudar.

2-Piense en soluciones: Bien, ahora qué puedo hacer. Las personas resilientes ven los problemas como misterios a los que hay que dar salida. No son problemas que bloquean sus vidas. Son enigmas, juegos y pruebas. Imagine que es otra persona, con una manera distinta de observar el mundo, más positiva, más atrevida, más creativa. Intente buscar soluciones desde ese punto de vista.

3-Responsabilizarse de sus emociones. Las emociones son señales que no dan información. El deportista que no es resiliente se queda en la emoción negativa. Todavía sigue sintiendo frustración, le sigue dando importancia a lo que le pasó y no avanza.

4-Aceptar no es resignarse. Deja de luchar contra lo que no depende de ti. Hay una diferencia muy grande entre resignarse y aceptar. Resignarse es tirar la toalla cuando todavía puede seguir, muchas veces no conocemos nuestros limites hasta que nos enfrentamos a ellos. Aceptar es renunciar a aquellas cosas que no dependen de nosotros y no podemos manejar. Por ejemplo: los ruidos, el clima, el lugar, los elementos, la superficie.

Viktor Frankl: “El hombre que se levanta es aún más fuerte que el que no ha caído”

5-Olvidar el pasado. No permita que sus malas experiencias condicionen su presente. Una persona, que de un problema en el pasado saque una premisa y a partir de ahí juzgue todo lo que le ocurra en su vida en función de esa mala experiencia. El pasado está para aprender, no para que nos condicione o cambie nuestra escala de valores y nos perdamos oportunidades.

6-Despídete del victimismo. Las personas resilientes no se lamentan de su pasado, de sus caídas y de sus errores. Su pasado les sirve para analizar y tomar decisiones, pero no para lamentarse. Su atención está puesta en la solución del obstáculo: a qué me enfrento, en qué puedo hacer ahora para ser más efectivo y para alcanzar mi objetivo. Dejar de mirar por el retrovisor. No centrar el foco de atención en lo que no funciona.

7-Comprométete con la vida. Lo que le ocurre en la vida es responsabilidad suya; está vinculado a su implicación, a cómo se involucra en sus obligaciones y en sus placeres. Tener compromiso también significa decir que va a hacer algo y hacerlo; tener palabra con uno mismo y con los demás.

8-No postergues. Los resilientes postergan menos. ¿A qué le conduce postergar? A nada positivo; solo a que retrase la obligación, se sienta mal consigo mismo y le aumente el nivel de pereza y ansiedad para resolver lo que tiene pendiente. Los obstáculos se analizan, se solucionan, se saltan, pero no se evitan. Evitar no es la solución, sino parte del problema y de su malestar. No tenga miedo, ni siquiera a pasarlo mal. ¿Realmente lo va a pasar tan mal “metiéndole mano al asunto”? Seguro que no; es más lo que cree que es, que lo que realmente tiene frente a usted.
Recuerde: la vida no le deja en el camino si usted no se lo permite.

9-Valora tus logros y capacidades. Se percibirá como alguien valioso si le da valor a lo que funciona, si en su memoria están más presentes los éxitos que los fracasos. Tener una autoconcepción positiva da confianza y autoestima. Reconozca y potencie sus fortalezas. Puede dirigir su cerebro, su mente, sus pensamientos, y orientarlo como un radar para buscar los aspectos positivos.

10-¿Cómo observas sus resultados?. A pesar de haber perdido una competencia , quedan muchas por delante. Debe contemplarse como alguien con capacidad para volver a superarse. ¿Por qué? Porque tiene capacidad de aprendizaje. Los fracasos indican cómo no hacer algo, pero no dicen que no sea capaz de volver a intentarlo. Analice el error para aprender de él. Y luego haga borrón y cuenta nueva. Es el momento de empezar otra vez.

Al competir hay dos tipos resultados: se gana o se aprende.

11- La flexibilidad de no querer controlarlo todo. Son las personas que quieren que todo salga perfecto, pero, si no se tiene flexibilidad termina sufriendo.

“Hay que soportar sin dejar de avanzar; si tú sabes lo que vales, ve y consigue lo que quieres. Pero tendrás que soportar los golpes de la vida”.

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